29 de septiembre de 2011
27 de septiembre de 2011
Servicios de Emergencias de Lorca. Más allá del deber
Servicios de Emergencias de Lorca. Más allá del deber

La Verdad
La tierra tembló unos segundos y nada volvió a ser como antes. El reloj marcaba las 17:06:14 del 11 de marzo cuando Laura Begoña Gallego, una operadora de la sala del 112, descolgó el teléfono.
- ¿Oiga? ¡Una explosión, he oído una explosión!
- ¿Puede decirme qué ha ocurrido?
- ¡He sentido una explosión! Ha temblado todo. Veo polvo en la calle, y piedras.
El primer temblor fue un espejismo. A las 18.47 horas, los operadores no necesitaron esperar a que sonase el teléfono. El terremoto se sintió en la sala. La ciudad acababa de sufrir un gran seísmo que dejaba a su paso un triste rastro de dolor y destrucción del que nadie se ha repuesto. Si algo bueno emergió de la ruina fue la respuesta de miles de efectivos que se dejaron la piel en mitigar el desastre y el sufrimiento más allá de la obligación. Los miles de efectivos de los servicios de emergencias que, durante días sin descanso, volcaron sus esfuerzos en ayudar a los lorquinos, fueron auténticos héroes en una de las mayores catástrofes de la historia de la Región.
El devastador seísmo que sacudió Lorca el pasado 11 de mayo dejó a la ciudad herida para siempre. Si fuera posible extraer algo positivo entre tanto dolor, sin duda sería la diligente, humana, profesional e incansable actuación que desarrollaron con una impecable coordinación los diferentes servicios de emergencias (061, 112, personal sanitario, Policía Nacional , Guardia Civil, UME, Cruz Roja, Protección Civil, Policía Local, bomberos, brigadas forestales, voluntarios...) desplegados en la zona. Desde los primeros rescates (imposible olvidar la imagen de la doctora del 061 María José Carrillo sosteniendo en sus manos al pequeño Sergio, de tres añitos, repleto de tierra y piedras y recién huérfano de madre), hasta el mantenimiento de los campamentos que aún hoy siguen siendo el único hogar de decenas de afectados. Miles de efectivos trabajaron durante días, semanas, meses, para ayudar a los lorquinos a recuperar una normalidad todavía ansiada. Su trabajo ayudó a mitigar el dolor y la desesperación de los damnificados, y han dejado para el recuerdo un ejemplo de entereza, valor y profesionalidad difícil de igualar.
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16 de septiembre de 2011
CECOR - 112 SOS Aragón y la Red de Emergencias en la Moto GP
El Centro de Emergencias 112 SOS Aragón y la Red de Voluntarios de Protección Civil de Aragón colaboran en el dispositivo de seguridad y atención de emergencias
Se dispondrá del helicóptero medicalizado del 112 de Teruel y de la Red de Comunicaciones de Emergencias del Gobierno de Aragón.
El Departamento de Política Territorial e Interior del Gobierno de Aragón colabora en el dispositivo de seguridad y atención de emergencias que se ha diseñado para el correcto desarrollo del Gran Premio de Aragón de MotoGP en el circuito de MotorLand de Alcañiz.
La Dirección General de Interior movilizará el Servicio Aéreo de Transporte Sanitario y Emergencias del 112, el helicóptero 112 con base en Teruel, cuya tripulación consta de piloto, copiloto mecánico, médico y enfermero. Pueden prestar asistencia sanitaria urgente, tanto en tierra como en vuelo a gran altitud, con una gran confortabilidad debido a la amplitud del habitáculo y al sistema de refrigeración.
Este aparato estará tres días en el circuito alcañizano, aunque continuará prestando servicio en toda la provincia de Teruel ante la aparición de cualquier emergencia.
Asimismo, y tal como se hizo durante la Exposición Internacional Zaragoza 2008 y en la celebración del Gran Premio Aragón de Moto GP del pasado año, la Dirección General de Interior del Departamento de Política Territorial e Interior, instalará un puesto remoto con una aplicación sectorial del sistema informático de emergencias del Centro 112-SOS Aragón, en el Centro Operativo y de Coordinación (CECOR) que se organiza en el Circuito con motivo del evento. En la pantalla dispondrá de la misma información que se reciba en el 112 y la ventaja es que estará físicamente en esta Sala en contacto directo con el resto de componentes del CECOR (Delegación del Gobierno, Guardia Civil, Jefatura de Tráfico, Bomberos, Policía Local y MotorLand) para una mejor coordinación y respuesta a las emergencias.
De esta manera se garantizará una perfecta comunicación entre los efectivos de seguridad y de emergencias ubicados en el propio Circuito y el Centro de Emergencias 112-SOS Aragón. Ello permitirá una respuesta más rápida y una mejor movilización de los recursos de acuerdo con las necesidades de la incidencia que se produzca. Un sistema de comunicación que permitirá además, no sólo la activación de los efectivos, sino el continuo seguimiento de las actuaciones y recursos que están interviniendo para solucionar la emergencia.
Por otro lado, desde la Dirección General de Interior del Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior, se ha coordinado la participación en el dispositivo de los Voluntarios de Protección Civil que forman parte de la Red de Agrupaciones de Voluntarios de Emergencia de Aragón. Se encargarán de apoyar al resto de recursos movilizados de los Cuerpos de Seguridad del Estado y de la propia organización de la prueba. Así, 30 de ellos realizarán labores de vigilancia dentro y fuera del circuito y atención de posibles emergencias de pequeña envergadura. El resto estarán ubicados en el municipio de Alcañiz, en la Estanca y en las pedanías de Puigmoreno y Valmuel.
Así van a colaborar voluntarios de Protección Civil de las agrupaciones de Jiloca, Caspe, Cuencas Mineras, Sierra de Albarracín, Teruel, Gúdar-Javalambre, Matarraña y Valdealgorfa.
15 de septiembre de 2011
III Carrera Popular Pinares - Puerto Venecia
Tras el éxito de participación de la anterior edición, el Parque Comercial Puerto Venecia de Zaragoza vuelve a organizar la III Carrera Popular Pinares de Puerto Venecia, prueba que tendrá lugar el próximo Domingo 9 de Octubre.
Como ya se mostró en la segunda edición, el recorrido de la III Carrera Pinares de Puerto Venecia es uno de sus atractivos principales, ya que se desarrolla íntegramente en los Pinares de Venecia, auténtico pulmón del sur de Zaragoza y lugar conocido por los corredores populares de Zaragoza en sus prácticas deportivas.
El recorrido de la III Carrera Pinares de Puerto Venecia es un de sus atractivos principales, ya que se desarrolla íntegramente uno de los lugares emblemáticos de la ciudad, los Pinares de Venecia, espacio tradicionalmente utilizado por la mayoría de los corredores populares de Zaragoza en sus prácticas deportivas.
Probablemente, este hecho hace que se trate de la carrera más atractiva en cuanto a diseño de recorrido y entorno de cuantas se celebran en Zaragoza.
La prueba infantil se desarrollará en su totalidad en el interior del recinto de Puerto Venecia.
Probablemente, este hecho hace que se trate de la carrera más atractiva en cuanto a diseño de recorrido y entorno de cuantas se celebran en Zaragoza.
La prueba infantil se desarrollará en su totalidad en el interior del recinto de Puerto Venecia.
Se han establecido dos categorías según la dificultad y nivel de exigencia del recorrido:
Categoría “Especialistas”
HORARIO:
Domingo, 9 de Octubre
10.00 horas
Domingo, 9 de Octubre
10.00 horas
Categoría “Popular”
HORARIO:
Domingo, 9 de Octubre
10.00 horas
Domingo, 9 de Octubre
10.00 horas
Categoría “Infantil” Para los más pequeños. se han programado diversas carreras para niños según edades, la participación se coordinará con los centros escolares y están invitados todos vuestros hijos
Todos los niños recibirán una medalla por participar.
Todos los niños recibirán una medalla por participar.
HORARIO:
Domingo, 9 de Octubre
12.30 horas
Domingo, 9 de Octubre
12.30 horas
11 de septiembre de 2011
Las fotografías de aquel 11 de septiembre
Cómo trabajaron los fotógrafos aquella mañana en la que el terror sacudió Nueva York
No había redes sociales, ni nadie iba por el mundo haciendo fotografias con el móvil para subirlas luego a Internet. Hoy, después de una década, unos atentados como aquellos en una ciudad como Nueva York produciría más imágenes, muchas de ellas tomadas por meros aficionados, que las compartirían sin ningún tipo de filtro a través de Facebook o Twitter. Pero esa mañana de hace 10 años, el trabajo de fotógrafos profesionales fue el que produjo la mayor parte de esas imágenes que hoy recordamos. Esta es la historia de cómo trabajaron algunos de ellos aquel día. El último trabajo de un fotógrafo. En la mañana del 11 de septiembre de 2001 el fotógrafo Bill Biggart (54 años) se metió de lleno en la Zona Cero, poco después de que dos aviones se estrellaran contra las Torres Gemelas, en el peor ataque terrorista sufrido por EE UU. Llevaba consigo dos cámaras de carrete Canon Eos-1 y una digital D30 de la misma marca. Biggart, como muchos fotógrafos de su generación, se sentía más seguro en el mundo químico que en el nuevo digital.
El cuerpo de Biggart fue hallado dos semanas después de los atentados junto a su bolsa con las tres cámaras destrozadas y varios carretes reventados y seguramente expuestos a la luz, lo que les hacía inservibles. Su viuda Wendy , sin saber muy bien qué hacer, llamó a su colega y amigo Chip East, que rescató de la tarjeta digital la mayoría de las 150 fotografías que Biggart tomó. A través de ellas, East reconstruyó la última hora de trabajo, la última hora de vida de su amigo. "Está cada vez más cerca, a medida que avanzas [por las fotos] ves la reacción de las personas, cómo la gente se está manejando con todo eso... Todas las fotos de Bill son sobre personas y cómo reaccionan en esta historia", explicaba East en un artículo publicado en The Digital Journalist.
La última imagen la tomó a las 10.29, cuando se vino abajo el edificio del hotel Marriott, tras la caída de la primera torre. Por la localización de su cuerpo, se sabe que Biggart murió cuando se colapsó la segunda torre.La guerra en casa. James Nachtwey y Steve McCurry, dos fotógrafos con una basta experiencia en zonas de conflicto, se encontraban ese día en su ciudad de residencia, Nueva York. Se pasaban la mayor parte de su tiempo viajando fuera de EE UU, en zonas de conflicto, pero esa mañana el horror que tanto habían documentado se presentó en sus ventanas.
Nachtwey es un tipo meticuloso y perfeccionista, como se puede ver en el documental War Photographer, en el que se le seguía con una cámara subjetiva mientras fotografiaba en Kosovo o Palestina. La edición de esos trabajos, según se ve en el documental, le llevó días de revisión y vuelta a mirar los contactos. Sin embargo, Nachtwey no ha vuelto a acercarse a las fotos que hizo aquella mañana del 11 de septiembre hasta que este año se lo pidió la revista Time, donde en una entrevista reconstruye esa jornada que se saldó con 27 carretes de fotos.
Estaba en su loft neoyorquino, en un mañana inusualmente clara, cuando vio como unos vecinos miraban desde un tejado cercano y con gesto atónito hacia la zona de las torres. Desde otra ventana, Nachtwey pudo reconocer el horror tantas veces visto por sus ojos a unos cuantos kilómetros de su casa. Como todos los fotógrafos de esta reconstrucción, no lo dudó y corrió hacia el World Trade Center. "Siempre estaba fuera, implicado en las tragedias de otras personas y situaciones difíciles, y volver a América era siempre un refugio", cuenta en Time. "Pero ahora la guerra nos había tocado a nosotros, y pienso que nos convertimos en parte del mundo como nunca lo habíamos sido antes".
Allí estaba a las 10.29 cuando la primera torre se vino abajo. "Visualmente era impresionante", recuerda en la entrevista, "una de las cosas más bellas que había visto jamás. Pero me iba a matar y no había tiempo de tomar una foto". Nachtwey logró refugiarse en un hotel cercano, asfixiado por el polvo procedente del primer colapso. "Había policías y bomberos haciendo su trabajo, siendo muy profesionales", cuenta, "yo por mi parte recordé lo importante que era tratar de fotografiar. Era lo único que podía hacer, era mi simple tarea". Time ha publicado una selección de ese día, revisada por el propio autor, con fotografías hasta ahora inéditas, que en los dos primeros días superó los dos millones de visitas.
Steve Mccury se despertó esa mañana a las 6. El fotógrafo de la agencia Magnum no podía dormir porque acababa de regresar de un largo viaje y sufría de jet lag. "Un poco más tarde llamó la madre de mi asistente para decirnos que nos asomáramos a la ventana para ver al World Trade Center en llamas", cuenta en su web. "Lo más irónico era que había cubierto guerras como la del Golfo Pérsico, Líbano, Afganistán, Filipinas y ahora podía tener esas particulares escenas subiendo del noveno al vigésimo piso de mi edificio de apartamentos".
McCury es de esa clase de fotógrafo que le gusta controlar la luz, el ángulo y todos los factores que componen una fotografía, como la de la niña afgana, su imagen más conocida. "Trataba siempre de manejar todo al mismo tiempo. A veces eso no es posible, como aprendí el 9/11", recordaba recientemente en una entrevista para el fabricante de cámaras Leica. "Ese día, tuve que confiar en mis cámaras reflex porque no podía pensar en ningún tipo de variables de las fotos".
Sus imágenes, primero distantes, desde esa azotea del edificio donde vivía, y luego en el corazón del horror, mucha más próximas, pueden verse en su blog o en la selección publicada por la revista Slate. Acostumbrado a la tragedia, Mccurry se sintió incapaz de editar con sus propios manos ese trabajo hasta pasados siete años, como confesaba en una entrevista donde explicaba una exposición con imágenes del 11-S inaugurada en 2008.
La imagen controvertida, imágenes icónicas. Richard Drew era ya un curtido fotógrafo en septiembre de 2001. Fue uno de los pocos fotógrafos que el 5 de junio de 1968 pudo fotografiar a Robert Kennedy poco después de ser tiroteado en un hotel de California. No dudó en tomar esa imagen, como tampoco lo haría con una de las imágenes más escalofriantes del 11-S.
Aquella segunda semana de septiembre Drew tenía el encargo de cubrir, como años anteriores, la Semana de la Moda de Nueva York para AP, la agencia para la que trabajaba. Pronto recibió la orden de dirigirse a las torres gemelas que estaban en llamas. Estaba tomando imágenes, cuando escuchó una voz que le decía "¡Mira!". Instintivamente, Drew apuntó hacia arriba y vio cómo personas se precipitaban al vacío, a sabiendas de que no tenían otra salida. "Hice algo así como cambiar a piloto automático y empecé a tomar imágenes de la gente cayendo desde el edificio", recuerda en una entrevista para AP. Captó una de las imágenes más icónicas y controvertidas del 11 de septiembre: El hombre cayendo. En EE UU solo The New York Times se atrevió a publicar esa imagen, lo que le valió un aluvión de críticas. "Espero que 10 años más tarde la gente sea capaz de mirar esa fotografía", explicaba en una entrevista al diario británico Telegraph.
Nada se sabe de quién era aquel hombre, que como muchos otros, se arrojó al vacío. Tom Junod intentó averiguar quién estaba detrás de esa imagen en un artículo publicado en Esquire, con escaso éxito. En el campo de la ficción, Don DeLillo se inspiró en aquellas personas que se arrojaron al vacío - se evita la palabra suicidio en estos casos en los medios estadounidenses - para su novela también titulada 'Falling Man'.
La autocensura de los medios estadounidenses hizo que apenas se vieran escenas de horror, de muertos. Por otro lado, la mayoría de las víctimas quedaron sepultadas entre los escombros, por lo que los cadáveres no fueron tan visibles. Una década después The Atlantic ha publicado imágenes como la que tomó Drew y que hasta hoy no se habían visto en medios estadounidenses.
Aquella fotografía se quedó a las puertas de ganar el World Press Photo de 2001, el galardón anual más importante del fotoperiodismo. Obtuvo un meritorio tercer puesto en la categoría de noticias de última hora. Con semejante ataque en una de las ciudades con más fotógrafos por kilómetro cuadrado, el 11-S se llevó cinco premios en distintas categorías. Muchas de esas imágenes, 10 años después, siguen en la memoria colectiva, y poca gente se acordará que ese año el galardón se lo llevó Erik Refner con la impactante imagen de un niño muerto de deshidratación en Pakistán.
El otro gran galardón, el Pulitzer, reservado solo para las fotografías publicadas en medios estadounidenses, se le llevó el equipo del The New York Times por todo el trabajo realizado esos días en su ciudad.
Gulnara Samoilova, también de AP, vio reconocido su trabajo aquel día con uno de esos cinco galardones del World Press Photo.
Samoilova se despertó por el ruido de las sirenas de bomberos. Puso la televisión, y se enteró de lo que pasaba a cuatro bloques de su casa. Tomó su cámara, con un objetivo de 85 milímetros. Estaba muy cerca de la primera torre, cuando escuchó cómo alguien gritaba: "¡Corred!". Samoilova se refugió bajo un vehículo, y hasta que no pudo levantarse pensó que había quedado sepultada viva. Cambió de lente, una con mayor ángulo, y cargó otro carrete en su cámara. Fue entonces cuando tomó la fotografía, una de las más representativas del 9/11: en ella un grupo de personas cubiertas de polvo camina perdida poco después de que se desplomara la primera torre. "Me encanta esa foto. Para mí se parece a una escultura. Como congelados", recuerda en una entrevista para la agencia para la que trabajaba. "Me pasé llorando casi a diario", cuenta. Una década después, Samoilova ya no trabaja para la agencia AP y se ha alejado del fotoperiodismo. Hoy documenta la felicidad, en forma de bodas, en su propio estudio.
El País - Moeh Atitar de la Fuente
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