La recomendación de esta semana, puede evitar accidentes de montaña. El libro “Gestión del riesgo en montaña y actividades al aire libre, escrito por Alberto Ayora y editado por Desnivel, recoge enseñanzas y experiencias reales vividas por este militar y montañero, experto en cuantificar riesgos, identificando los peligros y tomando medidas para minimizar la siniestrabilidad en la montaña.
El libro, que presenta un formato de sentencia judicial, constituye una auténtica llamada de atención y concienciación a todas aquellas personas que realizan actividades en la montaña y en el medio natural. En una primera parte el autor, de manera autobiográfica y amena, repasa aquellos accidentes en los que se ha visto involucrado durante su vida, extrayendo las enseñanzas más importantes de los mismos. En su segunda parte, aborda de manera clara y directa los fundamentos y principios de la Gestión del Riesgo, ofreciendo por vez primera las claves para una práctica más segura, aunque no exenta de riesgos, planteando finalmente las líneas maestras de actuación necesarias para afrontar la adversidad y las posibles responsabilidades a las que pudiera haber lugar. El veredicto final de la sentencia queda supeditado a las circunstancias y juicio de cada lector.
Porque como muy bien dijo Albert Einsten, que probablemente sabía mucho más que tú y que yo: La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Y yo me niego. Y espero que tú, tambien…
(Introducción del libro, Gestión del Riesgo, en montaña y en actividades al aire libre, escrito por Alberto Ayora, y publicado por Ediciones Desnivel)
La Organización Colegial de Enfermería y su Escuela de Ciencias de la Salud aprovecharon el simulacro de evaluación final del Curso de Expertos en Urgencias y Emergencias (23 junio), para presentar el 'Decálogo de actuación ciudadana ante emergencias sanitarias por accidente'. Diez pasos esenciales y vitales que cualquier ciudadano debe recordar para poder actuar de la forma más eficaz posible ante un accidente o emergencia.
Decálogo
1. Asegurar la escena Se trata de conseguir que la escena del accidente no sea causa de nuevas desgracias. Algunos consejos pueden ser: señalizar la escena mediante los triángulos de preseñalización de peligro y/o a través de las luces de emergencia de los vehículos y/o con conos, o, en caso de que el accidente se produzca en una curva sin visibilidad, situar a una persona al inicio de ésta para advertir a los conductores que van llegando. Si es necesario, se debe dar paso a los conductores para que se mantenga la fluidez del tráfico y evitar nuevos accidentes. En caso de llegar a un accidente en el que las víctimas ya están siendo auxiliadas, seguir la marcha sin detenerse.
2. Pedir ayuda inmediata al sistema de emergencia - (llamar al 112) Desde que una persona sufre un accidente, el tiempo corre en su contra. Se debe avisar al sistema sanitario cuanto antes; de lo contrario, existe la probabilidad de que la persona accidentada no llegue a recibir la asistencia sanitaria que precisa a causa de un aviso tardío. Se debe llamar al servicio de urgencias y emergencias 112 y responder a sus preguntas intentando dar la mayor cantidad de información posible tanto sobre la víctima como sobre el accidente.
3. Aproximación al paciente accidentado Se trata de valorar los peligros potenciales para la integridad propia y la del paciente en la escena del accidente. Se deben neutralizar todos los peligros potenciales y apartar a las víctimas de ellos en caso de peligro. Prestar atención especial a charcos de gasolina o material inflamable (no permanecer nunca de pie sobre ellos), fuegos (ponerse en contra del viento, nunca a favor), ver si hay cables pelados que puedan generar un cortocircuito (en accidentes contra postes eléctricos o farolas) y apagar la llave de contacto del vehículo en caso de que éste o algunos de sus elementos (motor, focos o limpiaparabrisas) estén en marcha.
4. Si no existe riesgo para el paciente, no moverle En caso de una lesión medular (columna vertebral), por ejemplo, una incorrecta movilización de la víctima (tanto si se encuentra dentro como fuera del vehículo) puede tener consecuencias muy graves para su futuro. Si no hay riesgo para el paciente, es aconsejable esperar a que le mueva el personal sanitario.
5. “En caso de accidente, no me quiten el casco” Esta frase tan popular es una norma de obligado cumplimiento cuando el accidentado lleva puesto un casco. En ocasiones ocurre que tras un accidente se producen graves lesiones las cuales al intentar extraer el casco por manos inexpertas, se pueden agravar provocando lesiones medulares irreversibles con consecuencias tan graves como una tetraplejia. Hay que esperar la llegada de los equipos sanitarios para que ellos tomen la decisión de quitarlo o no.
6. Valorar al paciente 6.1. Comprobar si está consciente o inconsciente. 6.1.1. Si está consciente: interrogarle acerca de qué es lo que le ha pasado y cómo se encuentra, y actuar en consecuencia, tranquilizándole y quedándonos a su lado en todo momento. 6.1.2. Si está inconsciente: pasar al punto 6.2. 6.2. Comprobar la respiración y el pulso cardíaco. 6.2.1. Si respira y le late el corazón: mantener al paciente en una posición neutra, vigilándolo continuamente, hasta la llegada de los servicios de emergencia. 6.2.2. Si no respira y/o no le late el corazón, pasar inmediatamente al punto 7.
7. Estabilizar a la víctima 7.1. Desobstruir la vía aérea. Se trata de que no haya ningún obstáculo ni en la boca ni en la garganta que dificulte o impida la entrada de aire a los pulmones. Es muy común que la propia lengua de un paciente en inconsciencia, por su propio peso, esté bloqueando la garganta, por lo que es conveniente siempre: 7.1.1. Estando la víctima boca arriba, traccionar de la mandíbula hacia arriba con cuidado de no mover en ningún momento el cuello del paciente. 7.1.2. Abrir la boca de la víctima y asegurarse tirando con la mano de la lengua que no está caída, liberando así el paso de aire a la garganta. Siempre con cuidado para no mover el cuello de la víctima. 7.2. Ejecutar la maniobra de resucitación cardio-pulmonar. 7.2.1. Si es adulto: 30 masajes cardíacos por cada dos insuflaciones de aire. 7.2.2. Si es un bebé (lactante): 3 masajes cardíacos por una insuflación de aire. Compresión torácica: arrodillado perpendicularmente a un lado de la víctima, a la altura del pecho, colocar el talón de una mano sobre la mitad inferior del esternón (hueso longitudinal situado en la parte anterior del pecho) del paciente y la otra mano sobre el dorso de la anterior a la vez que se entrelazan los dedos. A continuación, con los brazos estirados, comenzar a realizar compresiones rítmicas hundiendo el pecho del paciente entre 3,5 y 5 centímetros, hasta que el paciente recupere el ritmo cardíaco o lleguen los servicios sanitarios. Insuflaciones: tras desobstruir la vía aérea (ver 7.1.), con una mano apoyada en la frente, pinzar la nariz hasta cerrarla y con la otra traccionar hacia arriba de la mandíbula. A continuación, coger aire abundante e insuflarlo en la boca del paciente sellando con nuestros labios la boca del paciente comprobando que el pecho se llena con nuestras insuflaciones.
8. Acompañar en todo momento al paciente La víctima está pasando por unos momentos duros en los que, en el peor de los casos, su vida corre peligro. Se debe permanecer a su lado acompañándole, darle conversación si es posible, observar su evolución y vigilar que no haga ningún comportamiento indebido incluso cuando está inconsciente.
9. No dar alimento ni bebida al paciente A pesar de lo que pueda pedir la víctima, no se le debe dar en ningún caso alimento o bebida (incluida agua) o cualquier tipo de medicación hasta la llegada de los servicios sanitarios.
10. Transferir el paciente al personal sanitario Tras la llegada del personal sanitario, se les debe informar de todo lo sucedido, principalmente, cómo se ha producido el accidente y cómo se ha atendido a la víctima o víctimas. Tras informarles convenientemente, la persona se debe poner a disposición del equipo sanitario para colaborar en todo lo que pueda precisar.
De 175 guardias a 1806 agentes en medio siglo de historia
En 1959 España no era lo que es y mucho menos las carreteras. Un coche era un artículo de lujo desde que el seita hizo su aparición en un país que empezaba a levantar cabeza tras la posguerra. Poco a poco, aunque empeñados hasta los ojos, los españoles comenzaron a conducir y el mapa radial a llenarse de animación. La creación de la Dirección General de Tráfico (DGT) no se hizo esperar para velar por la seguridad, poner orden y concierto y tras ella, la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Pero esos tiempos han quedado atrás: los coches, los conductores, las vestimentas de los guardias -hoy día se llaman agentes- y hasta los siniestros que se originaban en las maltrechas y mal señalizadas carreteras...
Sólo en Andalucía, un total de 1.806 agentes de Tráfico de la Guardia Civil vigilan actualmente las carreteras y prestan 27 auxilios cada hora, frente a los 175 guardias que realizaban ese servicio poco antes de despuntar la década de los sesenta. Cuando en 1959 se creó la DGT, por las carreteras españolas circulaban un millón de carros, medio millón de motos y 240.000 turismos, mientras que hoy se contabilizan más de 32 millones de vehículos -5,25 millones en Andalucía- y más de 5 millones de motos, casi medio millón en la región.
Celebración Son cifras que se han puesto de relieve en los actos conmemorativos de este aniversario que ayer fue presidido por el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, junto al general jefe de la IV Zona de la Guardia Civil, Antonio Dichas; el jefe de su Sección de Tráfico en la región, el teniente coronel Ramón Rueda; y el jefe provincial de Tráfico en Sevilla, José Luis León, entre otros. Tras proyectarse dos vídeos sobre los 50 años de la DGT y la Guardia Civil de Tráfico, León repasó las cifras de dicho cincuentenario, desde el primer turismo matriculado en Andalucía en 1902 en Cádiz, seguido de otros en Córdoba y Sevilla (1904), hasta los 220.255 que lo hicieron en 1960 y los 2,3 millones en 2007, el millón de coches que había en los 60 frente a los más de 32 millones de hoy y los 3,5 millones de conductores que había en 1967, cuando ahora son más de 22 millones.
Muertes Pero no todo fueron buenas noticias. Este siglo también se ha saldado con numerosas muertes que ayer fueron recordadas por Rueda: 311 guardias muertos en acto de servicio en este medio siglo -28 en Andalucía, el último Francisco de Asís López en 2007 en Málaga- y los 12 guardias que hacían los cursos de tráfico fallecidos hace 23 años en un atentado de ETA en Madrid. Efectivos que dieron su vida por la seguridad de los demás pues no en vano en 2008 la Guardia Civil de Tráfico en Andalucía recorrió más de 30 millones de kilómetros, controló por radar a más de 3,5 millones de vehículos y realizó un millón de pruebas de alcoholemia. Además, Andalucía cuenta con dos de los seis centros de gestión de la DGT en España: el de Málaga, creado en 1989, y el de Sevilla desde 1992, que en 2008 hicieron más de 9.000 intervenciones en medios de comunicación para informar sobre el estado del tráfico y mostraron 900.000 mensajes en los paneles informativos variables.
Si eres de los que aprovechan las vacaciones para leer todos los libros que se ponen a tu alcance, debes saber que todavía hay vida más allá de lo denominados best seller. Esta semana proponemos el libro de Yohn Withington, historia mundial de los desastres, “crónicas de guerra, terremotos, inundaciones y epidemias”, donde se nos cuenta entre otras historias la llamada gripe española de 1918, pudiéndose ver varios ejemplos sobre la prevención sanitaria todavía en vigor ¡póngase una mascarilla y salve su vida! Decía el alcalde de San Francisco a sus ciudadanos para mejorar las deficientes medidas higiénicas de la época. El libro está editado por Turner.
El suceso que más cerca ha estado de aniquilar a la raza humana tuvo lugar hace más de 74.000 años: la erupción de un volcán en Sumatra dejó la población mundial, que antes rondaba el millón de personas, reducida a diez mil individuos. Éste fue el primer desastre que podemos documentar; el último… quizá aparezca mañana en las noticias. Entremedias, John Withington nos propone un viaje alternativo por la historia de la humanidad, enfrentándonos a los peores huracanes, a los más terribles incendios, a epidemias que saltan fronteras y a los más sanguinarios genocidas. Porque no sólo la naturaleza desencadena catástrofes: hay rebeliones causadas por un torneo deportivo, historias de amor que acabaron en guerra civil y, desgraciadamente, mucha codicia y ambición tras los grandes desastres de la historia.
Lleno de datos sorprendentes, narrado con tanta erudición como brío, este libro nos deja al final de tanto horror una idea vigorizante: que el ser humano, hasta hoy, ha salido siempre adelante. John Withington, periodista británico, ha desarrollado una larga carrera como autor y productor de documentales de televisión, y colaborador de diarios como The Guardian, Observer and The Independent.
Tras cinco años de minuciosa investigación histórica, en fuentes literarias, periodísticas y relatos orales, Withington firma esta Historia mundial de los desastres, el primero de sus libros que se traduce al castellano.
Es posible que la primera pandemia de gripe fuera la de 1580, cuando el virus atravesó Asia y África, causando muchas víctimas en Italia, España y Alemania. Fue entonces cuando adquirió su nombre, que en inglés es influenza, palabra italiana que se le asignó porque se creía que era debida a una mala influencia astrológica.
El 27 de julio de 2007, este blog, se hacía eco de la iniciativa surgida unos meses antes como leyenda urbana, no exenta de sentido común que se había divulgado por la red en forma de correo electrónico. Una idea que databa del año 2000 y que se propago después de los incidentes acaecidos en el transporte público de Londres en julio de 2005.
El Gobierno y Cruz Roja instan a poner en el móvil un número de contacto para casos de accidente. “Los médicos podrán preguntar a la persona de referencia apuntada en el teléfono si la víctima sufre de alergias o enfermedades” Los servicios de emergencias ganarán un tiempo de oro cuando al llegar a un siniestro, en el móvil de la víctima esté perfectamente identificada la persona a la que hay que avisar. ¿Cómo? Añadiendo a la agenda de su teléfono móvil una entrada "Aa", seguida del nombre de la persona elegida. Un tiempo sagrado que en situaciones complicadas, como que la persona accidentada sufra alguna enfermedad a tener en cuenta, o sea alérgico a algún tipo de medicación, puede salvar vidas. Así, basta con buscar el primer contacto para informar a la persona del incidente y preguntar por la víctima.
Desde hoy, en los medios La campaña, sencilla pero muy útil, ha sido puesta en marcha por la Cruz Roja y el Ministerio del Interior, que confían en la difusión que a partir de hoy hagan los medios de comunicación, y que han editado un anuncio que este verano retransmitirán televisiones y radios.Con la "Aa", el contacto elegido será el primero en aparecer en la agenda telefónica. Y si el dueño del móvil desea añadir a más personas a las que avisar, se aconseja que agreguen a la lista de contactos de la siguiente forma: "Aa1, Aa2"... Y animan a hacerlo por los que no pueden: "Pónselo también a otras personas como familiares mayores o personas con problemas médicos y estarás haciendo algo muy importante por ellos y para tu tranquilidad"."Sencillito" y muy "útil" El ministro Alfredo Pérez Rubalcaba ha asegurado hoy durante a la presentación de la campaña que se trata de un sistema "sencillito y extraordinariamente útil" y que es una garantía" para quien sufre cualquier percance "y para los servicios de emergencia".
La leyenda urbana que se ha hecho realidad En marzo de 2007, se organizó un pequeño revuelo a costa de una iniciativa idéntica a la presentada hoy por Cruz Roja e Interior, sólo que entonces se difundió a través de Internet y no estaba apoyada por la Administración. Miles de personas recibieron en sus correos electrónicos un mensaje que aconsejaba añadir en la agenda del teléfono móvil una entrada con las letras ICE (In Case of Emergency, En Caso de Emergencia) y el número de contacto de una persona allegada; una iniciativa que funciona desde hace ya muchos años en otros países.
Se suponía que la recomendación provenía del Samur, pero el servicio de emergencias de Madrid poco después lo desmintió, diciendo que se trataba de un bulo y que su misión no era contactar con los familiares o identificar a los heridos y fallecidos, sino salvar vidas. Hoy, una portavoz del Ayuntamiento de la capital señaló que efectivamente el Samur nunca ha impulsado iniciativa alguna de ese tipo.
Respecto a la campaña presentada esta mañana por Cruz Roja e Interior, las mismas fuentes señalan que "cualquier iniciativa que sirva para mejorar la atención al paciente y facilitar el aviso tiene que ser contemplada y estudiada y no puede ser descartada". En 2007, todo quedó en una leyenda urbana que no tuvo demasiado eco entre los españoles. Ahora, con el apoyo del Ministerio del Interior y de Cruz Roja tiene visos de cosechar más éxito.
El programa ICE fue concebido a mediados de 2000 y promovido por el enfermero Bob Brotchie, del servicio de ambulancias británico East Anglian. En 2005, después de los atentados terroristas del mes de julio de ese año en Londres, Brotchie explicó que husmear en la agenda del teléfono móvil de muchos enfermos, cuando éstos no eran capaces de facilitar más datos sobre su identidad, se había convertido en el camino más fácil de localizar a sus familiares. No obstante también señaló que si todo el mundo tuviese un código de letras para avisos de emergencia todo habría sido mucho más rápido y sencillo.