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20 de octubre de 2013

Periodismo en crisis, emergencias y desastres

Interesante información publicada en Tendencias 21 sobre el seminario de formación “Periodismo en crisis, emergencias y desastres”, organizado por el Instituto de RTVE e Indagando TV, para los días 30 y 31 de este mes en el en el Aula Magna del Instituto de RTVE (Carretera Dehesa de la Villa, 14, Madrid).
 
Al leer el artículo, no pude por menos que interesarme por el tema e investigar un poco más sobre el asunto, encontrándome con algunas guías de procedimientos, la mayoría provenientes del continente Hispanoamericano y creo merecen la pena echarles un vistazo y tomar nota de las mismas. Buscando entre ellas extraigo varios relatos en primera persona de dos informadores, una bloguera y un fotógrafo, opinando sobre el terremoto de Cinchona (Costa Rica).
 
Tendencias 21.- El Instituto de RTVE e Indagando TV organizan un seminario para profesionales que quieran ampliar su formación de cara a informar sobre este tipo de eventos. Organizado con la colaboración de MSD, está dirigido a periodistas de televisión, radio y prensa que quieran ampliar su formación en este área.
El Instituto RTVE e Indagando TV han organizado para los días 30 y 31 de octubre un seminario de formación sobre “Periodismo en crisis, emergencias y desastres” que, al precio de 46 euros, se impartirá en el Aula Magna del Instituto de Radio Televisión Española. Se ofertan 20 plazas a 10 euros para parados. Este curso está dirigido a periodistas de televisión, radio y prensa que quieran ampliar su formación de cara a informar sobre este tipo de sucesos. -
En los dos últimos decenios los desastres naturales y los conflictos han producido numerosas víctimas mortales. Se calcula que por estas causas han fallecido más de 4 millones de personas y han sido afectadas más de 1.000 millones de personas. Simultáneamente han aparecido emergencias epidémicas de gran impacto sanitario, como la del SIDA, así como otros fenómenos tales como las hambrunas y las sequías, que han incrementado las crisis humanitarias y sus efectos, produciendo Emergencias Sanitarias casi diariamente, afectando con especial severidad a quienes viven en los lugares del planeta donde se encuentran las personas con menos recursos y con mayor vulnerabilidad.
 
Los Medios de Comunicación incluyen de manera inmediata las informaciones sobre emergencias y catástrofes en los informativos, boletines y páginas web. Esa urgente necesidad de informar bajo el principio de inmediatez no siempre se acompaña del necesario conocimiento sobre cómo funciona la medicina humanitaria, el papel de los actores, las fases de una actuación e incluso las enfermedades que pueden aparecer.
 
Paralelamente, los actores sanitarios y la población afectada reciben una enorme presión mediática que puede afectar al trabajo, aumentar el desaliento de la población y dar una imagen distorsionada al resto del desarrollo de la acción humanitaria.
 
Este curso nos permitirá analizar y actualizar los conocimientos en emergencias sanitarias y comunicación de conceptos básicos científicos relacionados para periodistas, de medios de comunicación especializados y generales tales como medios interactivos, radio y televisión, teniendo a la Red como una de las principales protagonistas.
Mitos y realidades
Alfonso Antona, antropólogo y enfermero en salud pública que interviene en el Seminario con la ponencia, "Mitos y realidades en los Desastres, crisis y emergencias, explica en la siguiente entrevista:

Cuando habla de mitos y realidades en el título de su ponencia, ¿A qué se refiere exactamente?
Existen una serie de falsas creencias, mitos y falacias a propósito de los desastres que condicionan la Acción Humanitaria (AH), por poner algún ejemplo: pensar que los desastres son naturales, cuando la inmensa mayoría son producto de la acción humana; creer que tras un desastre hay riesgo de epidemias, algo que no sucede casi nunca; suponer que cualquier ayuda es mejor que nada cuando, en ocasiones, la ayuda genera más problemas de los que soluciona, o que tras un desastre aparecerá el caos y la violencia, si la realidad nos muestra que la mayor parte de las personas suelen responder de forma altruista y solidaria.

La ayuda humanitaria externa casi siempre llega tarde. Quiero decir que la población y las autoridades locales son los primeros respondientes y sobre quienes recae la carga de la ayuda. Sin embargo, en los medios de comunicación suelen aparecer los grupos de rescate occidentales como los héroes, cuando la verdadera heroicidad está en las personas que sacaron a sus vecinos del barro o les dieron cobijo cuando perdieron su casa…
Durante el tsunami del año 2004, casi dos tercias partes de las víctimas fueron mujeres, en los campos de refugiados, la mayor carga de morbimortalidad recae sobre mujeres y niñas... Estos datos no suelen transcender. Las consecuencias de los desastres no son los mismos para hombres y mujeres, y en la mayor parte de las ocasiones la ayuda humanitaria exterior no introduce en sus estrategias la perspectiva de género.

¿Cree que es suficiente la información y la formación que reciben los diferentes actores sobre el terreno (médicos, enfermeros, psicólogos, traductores, periodistas etc...) en el que deben actuar?
La información suele ser sesgada (por mitos y falacias) y la formación es escasa o nula. La mayor parte de los profesionales de salud, son expertos en su contexto, pero desconocen y no están preparados para la intervención en contextos políticos, sociales y culturales diferentes. Como decía, casi siempre llegamos tarde, por lo que los planteamientos emergencistas no son eficaces.

No se puede dejar al voluntarismo de las personas y organizaciones la Ayuda Humanitaria, porque tal y como se ha demostrado, las “buenas intenciones”, sin una formación y experiencia adecuada, en no pocas ocasiones, han generado sufrimiento añadido y resultados no deseados. Son muchos los ejemplos de intervenciones en salud que no se harían (por ejemplo amputaciones) en un país económicamente avanzado por ir en contra de los Derechos Humanos, o el fracaso de algunas intervenciones por no tener en cuenta patrones culturales, religiosos o políticos.
De la misma forma, los y las periodistas precisan de una mayor capacitación y especialización, han de saber en qué condiciones se producen los desastres naturales, qué es adecuado o no en un contexto de crisis.

¿Qué opinión le merecen la repetición de imágenes e incluso el bombardeo de información sobre crisis, emergencias y catástrofes en los diferentes medios de comunicación?
Sin duda el papel de los medios de comunicación es determinante. Los Medios de Comunicación (MC) suelen ser ágiles en la información sobre emergencia y desastre, pero la información bajo el principio de inmediatez no siempre se acompaña de rigor y del necesario conocimiento de cómo funciona la Medicina Humanitaria, el papel de los diferentes actores, las fases de actuación o las necesidades clínicas que pueden aparecer.

Los actores sanitarios y la población afectada pueden recibir una enorme presión mediática que puede afectar al trabajo, aumentar el desaliento de la población, o dar una imagen distorsionada de lo que se hace.
Conocido es el efecto CNN, por el cual, cuando más atención recibe un desastre, más posibilidades de financiación de ayuda existe. Cuando los MC enfocan, condicionan las agendas políticas y la sensibilidad ciudadana. Unos y otros se sienten más propensos a donar. Esto ha supuesto que existan desastres mediáticos (Tsunami o Haití) y otros, sobre todo emergencias complejas, que por estar a la sombra de los MC, apenas reciben atención y, en consecuencia, ayuda.
 
En las situaciones de crisis y desastre, aparece el “espectáculo humanitario”. Cuando los MC desaparecen, la ayuda empieza a desvanecerse, deja de llegar y los compromisos de los donantes se olvidan. Muchas ONGs, en ocasiones con conductas oportunistas, se retiran. Un efecto colateral del sensacionalismo mediático en los desastres es, que tras un momento de furor, con el paso del tiempo, se enfría el entusiasmo solidario y aparece la fatiga del donante, como consecuencia; indiferencia y reticencia a prestar ayuda cuando más se necesita, en la reconstrucción y la rehabilitación.

¿Qué opina sobre la cobertura informativa que sólo se centra en el número de víctimas?
Los desastres, como la miseria y la muerte, se presentan pero no se explican. Se muestran las consecuencias, pero no se analizan las causas. Se pone el foco en las víctimas y no en los responsables. Las crisis que no se entienden no se acaban y se reproducen. Tanto los actores humanitarios como los MC entran y salen demasiado rápido de los escenarios de crisis y desastre.

Los profesionales de la salud y los medios de comunicación, necesitamos códigos éticos. No todo vale. La retransmisión en directo de la agonía y muerte de Omaira marcó a América Latina. Fue vivida y vívida en 1985 con la erupción del volcán Nevado Ruiz, cuya avalancha sepultó a la comunidad de Armero. Éste es un caso digno de recordar por la interacción entre responsables de la respuesta de emergencia, los científicos y los periodistas.
Los modos más constructivos para concienciar consisten en mostrar realidades diferentes. Un ejemplo, perdón si es muy simple, pero creo que es importante. Cuando los periodistas occidentales siguen a los actores humanitarios, suelen hacer sus reportajes mostrando los logros y heroicidades de equipos extranjeros. Habría que comenzar entrevistando a los equipos locales, las personas afectadas y mostrar no solo la muerte y el dolor, sino el coraje de las personas anónimas para volver a levantarse. Y, eso sí, siempre denunciar las causas por las que un desastre se convierta en catástrofe: inequidad, injusticia y pobreza.

¿Cree que la población conoce exactamente qué es y en lo que consiste la Medicina Humanitaria Internacional? Si no es así, ¿qué sugeriría para darla a conocer más?
La mayor parte de las personas confunden Medicina Humanitaria (MH) con Medicina de Emergencia. La Medicina Humanitaria como cuerpo de conocimiento, está vertebrada sobre las disciplinas que proporcionan los conocimientos y las competencias que tienen como fin dar respuesta a las necesidades más básicas en salud, en las poblaciones en grave peligro de supervivencia como son, además de las Ciencias de la Salud, la Geopolítica, la Antropología, el Derecho, la Logística, la Economía, la Gestión, la Ética y otras muchas.

La MH se define por los propios escenarios donde se desarrolla y encuentra su justificación en la propia intención de la acción y de los actores que en ella intervienen, los marcos de actuación, el tipo de catástrofe o desastre, los movimientos de población, la exclusión social o el acceso a los servicios de salud o a los medicamentos.
Creo que la mejor forma de dar a conocer la MH sería incorporarla a los programas de grado de las diferentes disciplinas académicas. La Agencia Española de Cooperación Internacional junto a la Sociedad Española de Medicina Humanitaria, está construyendo unos estándares de mínimos para poder trabajar en terreno. Es preciso que todas las organizaciones y profesionales que salgan a terreno estén acreditados a fin de garantizar que la atención que ofrecerán será adecuada y de calidad.

El tratamiento mediático y real de las víctimas
Otro de los temas importantes a tener en cuenta en una crisis, emergencia o desastres es el tratamiento de las víctimas. Tal y como comenta la Defensora del espectador, el oyente y el internauta de RTVE, Elena Sánchez Caballero: “las informaciones sobre tragedias naturales y atentados suelen originar quejas”, y añade: “la visión de las víctimas “hiere su sensibilidad”.

Un caso concreto fue el terremoto de Haití por las imágenes de muertos amontonados, menores en las calles”. Además existen claras diferencias en las informaciones o imágenes difundidas en situaciones de crisis y catástrofes entre los países ricos y los países con renta más baja.
Según Sánchez Caballero: “Cuando en un país rico sucede una tragedia existe un protocolo de acción que en general protege la imagen de las víctimas”. Sin embargo, esta política tiene su contrapartida y sus detractores que la consideran "una censura”.

Por otra parte, la intervención humanitaria debe ser sostenible en el tiempo y como señala Daniel López Acuña, asesor de dirección de la OMS: "no puede agotarse en las necesidades más agudas aunque los sistemas sanitarios hayan sido destruidos. Hay que conseguir hacer frente a las necesidades cotidianas: seguir vacunando, dando control prenatal o tener capacidad de dar respuesta a partos durante un período de emergencia".
 
 
 
“Di voz a quienes vivieron la tragedia intentando no interpretar sus situaciones sino darles el espacio para que las manifestaran. Como yo era parte de la comunidad afectada intenté expresar mis sentimientos, pensamientos y emociones de la manera más honesta posible. Pero la mayor parte del tiempo el dolor me sobrepasó y enmudeció”.- Julia Ardón, bloguera, opina sobre el terremoto de Cinchona.

“No fui capaz de levantar la cámara ni mucho menos de fotografiar la escena ante la que me sentía impotente; no sé si cobarde pero consciente de que ahí estaba el límite de mi trabajo y el respeto a la dignidad de aquellos cuerpos inertes, llenos de barro”.- Mario Rojas, fotógrafo, opina sobre la cobertura  del terremoto de Cinchona en revista PROA, La Nación 18 de enero 2009



Videoteca Humanitaria

PROGRAMA
 

6 de agosto de 2009

"Morir cantando" 64 Aniversario Hiroshima

Las dos caras de la bomba atómica


El hombre contó una historia increíble. Tenía apenas 13 años, y estaba en su salón del colegio cuando un compañero se asomó a la ventana y lanzó un grito: "¡Miren, un avión B-29!".

Los demás niños se agruparon frente al vidrio y lo vieron perfecto: volando sobre la ciudad como un pájaro solitario, brillante en el cielo azul de las 8:15 de la mañana.
Entonces el avión soltó algo que se precipitó a tierra, y mientras los niños miraban por la ventana, de pronto un destello fulminante los derribó a todos. Era 6 de agosto de 1945, y lo que aquel hombre vio caer del cielo era la bomba atómica.
Su nombre era Yoshitaka Kawamoto, y lo escuché hace más de diez años cuando era director del Museo de la Paz de Hiroshima. Cada 6 de agosto lo recuerdo, y lo veo en mi memoria como si lo tuviera delante de mí, evocando lo sucedido ese día.
No hubo ruido, afirmó. Sin embargo, al abrir los ojos, percibió algo imposible: el cielo estaba en llamas. De inmediato sintió un dolor intenso en el brazo, y descubrió un pedazo de madera atravesado en la carne, como una flecha. En seguida, escuchó algo insólito: cantos.
Tardó segundos en comprender: debido a la mentalidad espartana de la guerra, a los niños les habían enseñado que gritar para pedir ayuda era un acto indigno, de modo que, quienes podían, cantaban el himno del colegio para avisar de que estaban vivos y para señalar en dónde estaban.
No obstante, las voces a su alrededor se fueron apagando. Uno por uno, sus compañeros de clase morían cantando. De pronto, él quedó solo. Entonces salió a la calle, dando tumbos y traspiés, y se encontró con el infierno.
Yoshitaka Kawamoto estuvo perdido durante varios días, deambulando entre las ruinas y tinieblas, hasta que de milagro lo encontró su madre.
Por poco muere incinerado, pues se desmayó en la calle y, creyéndolo muerto, lo arrojaron sobre una pila de cadáveres que estaban a punto de ser quemados; no obstante, resbaló del montón y el hombre que lo recogió sintió su pulso.
Al poco tiempo de la explosión, el niño perdió el cabello y empezó a sangrar por todos los orificios del cuerpo. Su madre asumió el reto y durante más de un año luchó sin tregua hasta que su hijo se recuperó por completo. "El amor de mi madre triunfó sobre la bomba atómica", concluye sereno el señor Kawamoto.
Habla de Estados Unidos sin rencor, y dice que su filosofía consiste en perdonar.
Describir el daño que hizo la bomba es imposible. La ciudad fue borrada del mapa, y la única estructura que permaneció en pie, un edificio semejante a un observatorio abandonado, yace intacto, medio demolido, y sugiere una realidad escalofriante.
La temperatura en el epicentro dobló la requerida para fundir el hierro, y los vientos que derrumbaron las casas como si fueran naipes triplicaron la potencia del tifón más devastador de la historia de Japón. Las casas que soportaron los vientos sucumbieron a las llamas, pues la gran mayoría eran construcciones de madera.
Muchos cuerpos jamás se encontraron porque se evaporaron, y a raíz del calor infernal las sombras de varios objetos quedaron estampadas en donde estaban.
Yo no entendía este fenómeno hasta que lo vi con mis propios ojos: la silueta de una escalera inexistente, la sombra grabada sobre los restos de una pared, como si la hubieran pintado.
Como digo, escuché a Yoshitaka Kawamoto hace más de una década, y recuerdo que al salir del salón de conferencias, abrumado por su historia, conocí a otra sobreviviente: una mujer mayor, con el rostro todavía hermoso, hasta que giró y le vi la otra mitad de la cara: desfigurada como hecha de cera derretida. Ese costado de su cuerpo fue el que sufrió los efectos de la bomba.
Quedé impresionado, pero a la vez pensé que esa doble faz, en últimas, simboliza la condición humana: porque nuestra especie puede crear una bomba atómica y la puede soltar sobre una población civil, inerme y vulnerable, pero también puede producir un ejemplo de grandeza espiritual como el señor Kawamoto, alguien que después de sobrevivir a una tragedia de esa magnitud es capaz de sonreír, hablar sobre el amor y el perdón, y, ante todo, seguir viviendo.

17 de julio de 2009

Historia mundial de los desastres

Si eres de los que aprovechan las vacaciones para leer todos los libros que se ponen a tu alcance, debes saber que todavía hay vida más allá de lo denominados best seller. Esta semana proponemos el libro de Yohn Withington, historia mundial de los desastres, “crónicas de guerra, terremotos, inundaciones y epidemias”, donde se nos cuenta entre otras historias la llamada gripe española de 1918, pudiéndose ver varios ejemplos sobre la prevención sanitaria todavía en vigor ¡póngase una mascarilla y salve su vida! Decía el alcalde de San Francisco a sus ciudadanos para mejorar las deficientes medidas higiénicas de la época. El libro está editado por Turner.



El suceso que más cerca ha estado de aniquilar a la raza humana tuvo lugar hace más de 74.000 años: la erupción de un volcán en Sumatra dejó la población mundial, que antes rondaba el millón de personas, reducida a diez mil individuos. Éste fue el primer desastre que podemos documentar; el último… quizá aparezca mañana en las noticias. Entremedias, John Withington nos propone un viaje alternativo por la historia de la humanidad, enfrentándonos a los peores huracanes, a los más terribles incendios, a epidemias que saltan fronteras y a los más sanguinarios genocidas. Porque no sólo la naturaleza desencadena catástrofes: hay rebeliones causadas por un torneo deportivo, historias de amor que acabaron en guerra civil y, desgraciadamente, mucha codicia y ambición tras los grandes desastres de la historia.


Lleno de datos sorprendentes, narrado con tanta erudición como brío, este libro nos deja al final de tanto horror una idea vigorizante: que el ser humano, hasta hoy, ha salido siempre adelante.
John Withington, periodista británico, ha desarrollado una larga carrera como autor y productor de documentales de televisión, y colaborador de diarios como The Guardian, Observer and The Independent.

Tras cinco años de minuciosa investigación histórica, en fuentes literarias, periodísticas y relatos orales, Withington firma esta Historia mundial de los desastres, el primero de sus libros que se traduce al castellano.


Es posible que la primera pandemia de gripe fuera la de 1580, cuando el virus atravesó Asia y África, causando muchas víctimas en Italia, España y Alemania. Fue entonces cuando adquirió su nombre, que en inglés es influenza, palabra italiana que se le asignó porque se creía que era debida a una mala influencia astrológica.

12 de marzo de 2009

Desastres de la guerra

Visitar la exposición sobre Goya y el mundo moderno y ver las “Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Bonaparte. Y otros caprichos enfáticos” (1810 – 1815) de la mano del maestro Francisco con sus 80 grabados al aguafuerte, bajo el titulo “Los desastres de la guerra”, impresiona.

Impresiona, de tal manera, que hay que tomar su tiempo para poder admirar por completo este extraordinario documental de época, adelantándose a lo que hoy en día llamaríamos un reportaje gráfico del corresponsal de guerra, D. Francisco de Goya y Lucientes.

Llaman mi atención algunos de los grabados en los que se evocan situaciones análogas a la asistencia sanitaria y defensa civil de los combatientes, junto a la población civil en esta guerra Hispano – Francesa. Las láminas representan a los soldados franceses y españoles heridos curados por la población civil para su vuelta al frente, el hambre provocada por la guerra, el horror de los civiles a la vista de la agonía de los moribundos sin asistencia, la impotencia de los civiles en el auxilio de las víctimas y las dramáticas escenas de pánico por efecto de los bombardeos.

Número de lámina y título

20 - Curarlos y a otra
24 - Aun podrán servir
57 - Sanos y enfermos
60 - No hay quien los socorra
52 - No llegan á tiempo
41 - Escapan entre las llamas

La exposición se puede ver hasta el día 22 de marzo en el Museo de Zaragoza

Desastres de la Guerra - Grabados Francisco de Goya

Escapan entre las llamas. Digital ID: 1109962. New York Public LibraryNo hay quien los socorra. Digital ID: 1109981. New York Public Library

Curarlos, y á otra. Digital ID: 1109941. New York Public Library Sanos y enfermos. Digital ID: 1109978. New York Public Library

21 de febrero de 2009

Zaragoza hace 200 años

Un día como hoy de hace 200 años Zaragoza se rindió al ejército francés, el más poderoso de la época, poniendo fin al segundo de los sitios. La ciudad, conocida como la Florencia de España, estaba completamente destruida después de sufrir un asedio en cada una de sus calles y los resistentes diezmados por las epidemias mientras los cadáveres se amontonaban por todo sus casco urbano.

No había ningún organismo internacional que se encargase de garantizar la ayuda humanitaria ni tampoco periodistas extranjeros que documentasen la tragedia. Algunos pintores dejaron constancia del sufrimiento de la población y posiblemente el propio Francisco de Goya tuvo la necesidad de crear sus grabados Los Desastres de la Guerra después de conocer los sufrimientos de sus paisanos.

El primer sitio había empezado el 15 de junio de 1808 cuando 15.000 soldados, en su mayoría de origen polaco, aliados de las tropas francesas, llegaron a las puertas de la ciudad, defendida por 2.000 soldados profesionales y más de 10.000 voluntarios civiles.

Los primeros asaltos fueron rechazados por los defensores. Los generales franceses enviaron nuevas unidades de combate y corrigieron los errores tácticos de los primeros días. Fueron dos meses de intensos combates, continuos asaltos y terribles bombardeos que no consiguieron doblegar a la resistencia.

A mediados de agosto de 1808 los franceses se retiraron con miles de bajas, abandonando decenas de piezas de artillería. La población aragonesa se había convertido en el símbolo de la resistencia contra las fuerzas ocupantes.

Cuatro meses después, el 21 de diciembre de 1808, empezó el segundo sitio sobre la ciudad situada en un punto estratégico para los ocupantes. Esta vez el ejército francés no estaba dispuesto a hacer concesiones y rodeó Zaragoza con más de 40.000 soldados de infantería y 3.500 de caballería. Unos 50.000 defensores entre soldados regulares y miles de voluntarios estaban atrincherados en el interior de la ciudad.

La artillería pesada francesa comenzó los bombardeos sistemáticos y provocó que ésta ardiese por los cuatro puntos cardinales.”Jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestros enemigos en la defensa de la plaza”, escribió el mariscal Jean Lannes en una carta que envió al emperador Napoleón Bonaparte.

Las continuas embestidas de los militares franceses unidas a la falta de víveres y a las epidemias obligaron a los responsables de la defensa a capitular. De los 55.000 habitantes sólo quedaban 12.000. El resto había muerto o huido. La ciudad fue premiada con los títulos de Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica.

Benito Pérez Galdós, que dedicó a los defensores de Zaragoza uno de sus Episodios Nacionales, escribió lo siguiente: “La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo…. pero entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”.