9 de agosto de 2009

San Lorenzo - Huesca 2009

Desde el balcón del ayuntamiento, a las doce en punto, del día 9, la lectura del pregón a cargo del alcalde de Huesca, Fernando Elboj, y el lanzamiento del cohete - este año lo encienden alumnos del CEIP Pio XII y el Colegio San Viator - dan inicio a las fiestas de San Lorenzo. Desde el balcón principal del Palacio Municipal, lectura del pregón por el Alcalde de la ciudad y disparo del cohete anunciador del comienzo de las fiestas, Justo después de la explosión química se produce otra: la de la alegría desbordada del que espera un año entero la llegada de este momento.

Pero la expectación y la tensión residen abajo, en la plaza de la Catedral, donde miles de personas, pañuelo verde en mano, esperan ansiosas a que se prenda la mecha al grito unánime y excitado de ¡San Lorenzo!, ¡San Lorenzo!, ¡Huesca es fiesta! y ¡viva San Lorenzo! En pocos segundos, estalla el delirio, y la fiesta se tiñe de blanco, verde y rojo; ríos de alegría, agua, vino y harina corren parejos al ritmo frenético que marcan saltos, besos y abrazos. Sobre la multitud planea ya el clímax de la fiesta que seduce y embruja tanto a los oscenses como a quienes llegan de fuera. ¡Viva San Lorenzo! ¡Viva!


Huesca en fiestas: Heraldo de Aragón

Fiestas de San Lorenzo - Huesca

Calentando motores en torno a la Influenza A H1N1

Esto que sucede a más de 5000 kilómetros de distancia en Brasil, puede ocurrirnos aquí mismo en España “Europa” al comienzo de la próxima temporada otoño e invierno, época donde el virus Influenza A (H1N1), se presenta con mayor agresividad si cabe, la mayoría de las veces, camuflado inicialmente como si se tratase de una “simple” gripe común. La verdad es que siguiendo las noticias en España, vemos como las instituciones públicas, van tomando conciencia de la que se nos puede caer encima, si bien parece que en un tema tan importante, complicado e inestable como el de esta pandemia, nos preocupa ver la falta de directrices comunes entre el gobierno central y los diferentes gobiernos autónomos. Los ciudadanos deberán acostumbrarse con rapidez a nuevos métodos higiénico – sociales, que neutralicen en mayor o menor medida la propagación de esta enfermedad.

La preocupación por el contagio de la Gripe A ha llegado al interior de los estadios de fútbol en Brasil. Una orden judicial obligaba a todo el que entrase en el recinto donde se jugaba el partido entre el Coritiba y el Santos, a llevar la máscara que se les entregaba en taquilla. De lo contrario no se disputaría el partido, o lo harían con las gradas vacías. Tan sólo los jugadores se libraron de esta obligación, y más de un aficionado no pudo evitar quitársela para celebrar los goles de su equipo. La jueza amenazó al conjunto local con imponerle una multa de 300.000 reales en caso de que la sentencia no se cumpliera. En Brasil, ya se han registrado 129 muertes por esta enfermedad.

6 de agosto de 2009

"Morir cantando" 64 Aniversario Hiroshima

Las dos caras de la bomba atómica


El hombre contó una historia increíble. Tenía apenas 13 años, y estaba en su salón del colegio cuando un compañero se asomó a la ventana y lanzó un grito: "¡Miren, un avión B-29!".

Los demás niños se agruparon frente al vidrio y lo vieron perfecto: volando sobre la ciudad como un pájaro solitario, brillante en el cielo azul de las 8:15 de la mañana.
Entonces el avión soltó algo que se precipitó a tierra, y mientras los niños miraban por la ventana, de pronto un destello fulminante los derribó a todos. Era 6 de agosto de 1945, y lo que aquel hombre vio caer del cielo era la bomba atómica.
Su nombre era Yoshitaka Kawamoto, y lo escuché hace más de diez años cuando era director del Museo de la Paz de Hiroshima. Cada 6 de agosto lo recuerdo, y lo veo en mi memoria como si lo tuviera delante de mí, evocando lo sucedido ese día.
No hubo ruido, afirmó. Sin embargo, al abrir los ojos, percibió algo imposible: el cielo estaba en llamas. De inmediato sintió un dolor intenso en el brazo, y descubrió un pedazo de madera atravesado en la carne, como una flecha. En seguida, escuchó algo insólito: cantos.
Tardó segundos en comprender: debido a la mentalidad espartana de la guerra, a los niños les habían enseñado que gritar para pedir ayuda era un acto indigno, de modo que, quienes podían, cantaban el himno del colegio para avisar de que estaban vivos y para señalar en dónde estaban.
No obstante, las voces a su alrededor se fueron apagando. Uno por uno, sus compañeros de clase morían cantando. De pronto, él quedó solo. Entonces salió a la calle, dando tumbos y traspiés, y se encontró con el infierno.
Yoshitaka Kawamoto estuvo perdido durante varios días, deambulando entre las ruinas y tinieblas, hasta que de milagro lo encontró su madre.
Por poco muere incinerado, pues se desmayó en la calle y, creyéndolo muerto, lo arrojaron sobre una pila de cadáveres que estaban a punto de ser quemados; no obstante, resbaló del montón y el hombre que lo recogió sintió su pulso.
Al poco tiempo de la explosión, el niño perdió el cabello y empezó a sangrar por todos los orificios del cuerpo. Su madre asumió el reto y durante más de un año luchó sin tregua hasta que su hijo se recuperó por completo. "El amor de mi madre triunfó sobre la bomba atómica", concluye sereno el señor Kawamoto.
Habla de Estados Unidos sin rencor, y dice que su filosofía consiste en perdonar.
Describir el daño que hizo la bomba es imposible. La ciudad fue borrada del mapa, y la única estructura que permaneció en pie, un edificio semejante a un observatorio abandonado, yace intacto, medio demolido, y sugiere una realidad escalofriante.
La temperatura en el epicentro dobló la requerida para fundir el hierro, y los vientos que derrumbaron las casas como si fueran naipes triplicaron la potencia del tifón más devastador de la historia de Japón. Las casas que soportaron los vientos sucumbieron a las llamas, pues la gran mayoría eran construcciones de madera.
Muchos cuerpos jamás se encontraron porque se evaporaron, y a raíz del calor infernal las sombras de varios objetos quedaron estampadas en donde estaban.
Yo no entendía este fenómeno hasta que lo vi con mis propios ojos: la silueta de una escalera inexistente, la sombra grabada sobre los restos de una pared, como si la hubieran pintado.
Como digo, escuché a Yoshitaka Kawamoto hace más de una década, y recuerdo que al salir del salón de conferencias, abrumado por su historia, conocí a otra sobreviviente: una mujer mayor, con el rostro todavía hermoso, hasta que giró y le vi la otra mitad de la cara: desfigurada como hecha de cera derretida. Ese costado de su cuerpo fue el que sufrió los efectos de la bomba.
Quedé impresionado, pero a la vez pensé que esa doble faz, en últimas, simboliza la condición humana: porque nuestra especie puede crear una bomba atómica y la puede soltar sobre una población civil, inerme y vulnerable, pero también puede producir un ejemplo de grandeza espiritual como el señor Kawamoto, alguien que después de sobrevivir a una tragedia de esa magnitud es capaz de sonreír, hablar sobre el amor y el perdón, y, ante todo, seguir viviendo.

3 de agosto de 2009

Bomberos valientes - Héroes contra el fuego

En menos de una semana (20 al 26 de julio) los incendios forestales de Horta de Sant Joan (Tarragona) y Corbalán (Teruel) se cobraron la vida de seis bomberos en el ejercicio de su profesión. Durante toda la semana se escribieron páginas completas sobre estos incendios, pero hay dos artículos que me llamaron la atención y que resumen con emoción contenida la tragedia humana vivida.

Uno es un reportaje del diario el País, redactado por F. SIMÓN / D. TORRADO, (Héroes contra el fuego). El segundo una columna en la tribuna de más de un diario, escrito por Felix Madero (Diarí de Tarragona / Heraldo de Aragón), Bomberos valientes, en la cual me he permitido la licencia de acompañar los nombres de los dos compañeros que fallecieron con posterioridad. Igualmente el dibujo de Faro, publicado en el Diarí de Tarragona el 22 de julio esta modificado en homenaje a los compañeros. Los originales se pueden ver en los enlaces a píe de artículo.

El cielo siempre guarda un lugar especial para aquellos que se dedican a cuidar de los demás.

Mientras escribo escucho una bellísima canción de Bruce Springsteen, 'Into the fire'. Es un hondo homenaje a los bomberos que murieron el 11-S, a la generosidad de unos hombres desbordados ante la magnitud de la desgracia, ante la presencia descarnada del horror. En cuanto supe de la muerte de los cuatro bomberos en Horta de Sant Joan vino a mi cabeza la letra de esta canción y pensé: qué suerte que alguien así pueda cantar la entrega de tantos bomberos fallecidos, heridos, discapacitados de por vida. Entonces me dije: sí, es como en mi país, pero al revés. Aquí enterramos a los nuestros y luego hablamos de la indolencia de un cuerpo que tardó en actuar ante las llamas. Aquí dos bomberos heridos luchan por vivir mientras sus familiares leen en el periódico que el alcalde de Horta de Sant Joan habla de «relajación inicial» en el despliegue. Quizá haya que recordar que los cuatro bomberos no perdieron la vida en un accidente de tráfico. Quizá.
No sé si es que estamos instalados en la superficialidad de la espuma de la noticia. Puede que, acostumbrados a contar lo que a casi nadie interesa, no seamos capaces de reparar en el gesto heroico de estos bomberos. Ahora que la palabra héroe descansa en el diccionario y escasean los gestos de generosidad, nosotros seguimos en el detalle del incendio sin reparar en las biografías de quienes han perdido sus vidas. A cambio nos recreamos en la crítica de cómo se hicieron las cosas. Es todo muy nuestro, muy imperfecto, muy insensato.
La prensa detalla la declaración del tesorero del PP. Ante cien periodistas, cien. Y con esto llenamos páginas y páginas. Busco los nombres de los bomberos, algo de sus vidas. No lo encuentro. A cambio, un alcalde habla de una supuesta «relajación inicial» de los bomberos. Dejemos para mañana el relato de la relajación de los que nos mandan y dan por controlado el fuego antes de tiempo. Y también para mañana el debate sobre los medios para combatir el fuego. Cuesta entender que las llamas no saben de territorios, banderas, competencias administrativas.
Vuelvo a escuchar la voz rocosa de Springsteen que llora por sus valientes bomberos: 'May your hope give us hope. May your love give us love'. Si tiene usted la canción a mano escúchela y piense en los nuestros mientras lee el final de este artículo: David Duaigües, de 29 años, vivía en Lérida con su pareja. Jordi Mollé, de La Pobla de Segur, tenía 40 años y era padre de gemelos. Ramon Espinet, nacido en el Palau de Anglesola, tenía 47 años y un niño pequeño. Jaume Arpa, de 40 años, era de Tremp e iba a tener un hijo en breve. Pau Costa, de 31 años, natural de Sant Julia de Vilatorta (Osona). Ramón Conejero Belmonte, 47 años, natural de Teruel, deja esposa y dos hijos. Lástima que Bruce no sea español.

Félix Madero en: Diari – Tribuna 24 julio / Heraldo Aragón – Meridiano 25 de julio




2 de agosto de 2009

Conectar o desconectar, esta es la pregunta

Uno se empeña en desconectar unos días, aprovechando la tecnología que nos brinda la informática en un estás y no estás, como si de un piloto automático se tratara, en un espacio de tiempo en el que aparentemente la prensa reduce considerablemente las páginas de sus diarios en ausencia de redactores que las escriban, en un país en que casi todo cierra por vacaciones, todo, menos las crónicas de sucesos y por desgracia estos quince últimos días han sido intensos y a su vez trágicos.

Inmersos en una continúa ola de calor, la península se ha visto barrida y azotada por una sucesión de incendios forestales que han llegado hasta las mismas puertas de Zaragoza. Primero en Lérida, luego le siguieron; Tarragona, Teruel, Ávila, Madrid, Almería, Zaragoza, La Palma, hasta que se sepa, el “último” nuevamente en la provincia de Zaragoza (Valtorres).

Con este panorama informativo tan desolador entre incendios, nubes toxicas, explosiones, evacuaciones y desalojos es difícil apagar por completo un estado de ánimo que te dice con voz insinuante, esto lo publicaría en el blog. Así que, he procurado guardar en la memoria algunas reseñas vistas en prensa y televisión para incluirlas a la vuelta. ¡Ya estoy en casa!