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31 de mayo de 2011

¿Qué es un paro cardiaco? Casi la mitad de españoles lo ignora

Cuatro de cada diez españoles (el 44%) desconocen en qué consiste un paro cardiaco súbito y sólo un 26,8% sabría cómo actuar ante una situación de este tipo. Sin embargo, un 59% de los españoles sí sabe qué son los desfibriladores semiautomáticos.
El nivel de conocimiento de la población sobre estas dolencias es mejorable" Son los resultados de una encuesta del Consejo Español de Resucitación Cardiopulmonar (CERCP). Dicho estudio, para el que se han realizado más de 1.000 encuestas, muestra que, pese a que en España se producen cada año más de 24.000 paradas cardio-respiratorias, "el nivel de conocimiento de la población sobre estas dolencias es mejorable", según ha destacado el doctor Juan López Messa, presidente de esta entidad. De hecho, añade, "hay quienes no saben qué es un paro cardiaco pero sí un desfibrilador".
En cualquier caso, el porcentaje de la población que sabe cómo realizar una resucitación cardiopulmonar básica (33%) y conoce la importancia de las cadenas de supervivencia en estos casos (15%) es igualmente bajo, por lo que es necesario dar a conocer tanto la frecuencia de estas dolencias como los medios que existen para tratarlas.
Sobre todo teniendo en cuenta que, como explica López Messa, su supervivencia es de apenas entre un 5 y 8% y depende de la atención recibida en los diez minutos posteriores al evento, para lo que "el uso de un desfibrilador es vital".
Desfibriladores, no sólo en el deporte
En este sentido, y dado que hasta uno de cada cuatro paros cardiacos se producen en lugares públicos, la CERCP y la Fundación Gaspar Casal han presentado un documento de consenso en el que piden al Ministerio de Sanidad que coordine la implantación de este tipo de dispositivos para que sea "uniforme y con sentido común" en todas las comunidades.
Los futbolistas no deben ser los únicos que estén protegidos con desfibriladores "Proponen que haya una ley de ámbito nacional que establezca aquellos lugares donde su uso debe ser obligatorio, ya que la experiencia de otros países como Japón, Estados Unidos, Suecia o Dinamarca ha demostrado que la implantación de desfibriladores "conlleva una mejora relevante" de la supervivencia en estos eventos.
"Las muertes por parada cardiaca en el deporte han tenido un impacto muy grande y han favorecido la implantación de desfibriladores en los estadios, pero los futbolistas no deben ser los únicos que estén protegidos", ha defendido el doctor López Messa.
Pocos desfibriladores
Además de en estadios e instalaciones deportivas, proponen que haya desfibriladores en aeropuertos, estaciones de tren, autobús y metro, y en centros comerciales. Aunque en muchos de estos lugares ya se están instalando, los datos que manejan los fabricantes muestran que apenas se hay entre 3.000 y 5.000 desfibriladores en lugares públicos, cuando en Japón hay más de 90.000 instalados. Para contribuir a un mayor y mejor uso de los desfibriladores, en dicho decálogo proponen además que se enseñe su manejo a los niños de 13 y 14 años en la escuela.

1 de agosto de 2010

RCP o RC a debate

La reanimación cardiopulmonar salva cientos de miles de vidas cada año en todo el mundo, gracias a la intervención inmediata de los testigos de un paro cardiaco, responsables de atender a la víctima mientras llegan los servicios de emergencia. Pero hay quien piensa que, tradicionalmente, este método se ha planteado mal, ya que sería más eficaz que los primeros auxilios realizados por personas no profesionales se limitaran al masaje cardiaco y omitieran la ventilación artificial, más conocida como boca a boca.

Dos nuevos estudios que publica esta semana la revista 'The New England Journal of Medicine' inciden en este debate. Ambos han seguido en cientos de pacientes los resultados de dos clases de auxilios: la reanimación pulmonar estándar, que incluye ambas intervenciones, y la versión más novedosa, que se centra en la compresión pectoral y evita la ventilación. Y los dos coinciden en señalar que ésta última es la mejor opción, aunque con matices.

Una de las investigaciones, dirigida desde EEUU, concluye que la reanimación sin boca a boca no logra por sí misma salvar más vidas en el instante de la intervención, pero los pacientes que han recibido este auxilio tienden a evolucionar mejor que aquellos a los que se aplicó la variante tradicional, con boca a boca incluido.

El otro estudio, realizado en Suecia, resalta que no hay diferencias significativas entre la efectividad de ambas modalidades, por lo que, según sus autores, se hace preferible la variable más simple como medida de primeros auxilios, hasta que lleguen los profesionales y se hagan cargo del paciente.

Ambas estadísticas tuvieron en cuenta el resultado de los auxilios propiciados por testigos no experimentados y que seguían las instrucciones telefónicas de los profesionales sanitarios. El estudio estadounidense, dirigido desde los servicios de Emergencia de Seattle y la Universidad de Washington, analizó el progreso de casi 2.000 pacientes que habían recibido asistencia tras un paro cardiaco, la mitad de ellos con el método de reanimación habitual y la otra mitad sólo con masaje cardiaco. Sobrevivió un 11% en el primer caso y un 12,5% en el segundo, lo que no es una diferencia significativa. "Aunque hubo una tendencia hacia una mejor evolución" en varios grupos de pacientes.

Más fácil de enseñar

La investigación sueca, realizada por el Instituto Karolinska y la Universidad de Estocolmo, analizó datos de más de 1.200 pacientes. Al cabo de 30 días, había sobrevivido un 7% de quienes recibieron masaje cardiaco y boca a boca, y un 8,7% de quienes sólo tuvieron masaje cardiaco como primer auxilio. Tampoco esta diferencia permite afirmar que un método es mejor que otro, por lo que los autores se decantan por evitar la ventilación, con el fin de que la reanimación sea "más fácil de enseñar y de realizar".

Tras un paro cardiaco, cada instante que pasa hasta que llegan los servicios de emergencia puede ser crucial para salvar al paciente, por lo que estas intervenciones -y el modo en que se realizan- tienen una importancia inestimable.

De hecho, los expertos no han parado de darle vueltas al asunto, y el procedimiento ha variado a lo largo de los años, siempre en el sentido de reducir el boca a boca a favor del masaje pectoral: en la década de los 80, se recomendaba una ventilación por cada cinco compresiones; en los 90, eran dos ventilaciones por cada 15 compresiones; ahora, se hacen 30 compresiones por cada dos ventilaciones.

"Lo esencial es iniciar el masaje cardiaco. Si la persona que está cerca es inexperta o tiene aversión al boca a boca, es mejor empezar con el masaje y no interrumpirlo", indica María José Sánchez-Tello, presidenta de la sección de Estimulación Cardiaca en la Sociedad Española de Cardiología.

Oxígeno para el cerebro
Aunque, por supuesto, todo depende de la destreza de la persona que auxilia al paciente. "Yo sigo pensando que es bueno dar ventilaciones, si se sabe", señala Ervigio Corral, subdirector general del Samur (servicios de emergencia de Madrid).

"La práctica habitual es ventilar: el cerebro no puede vivir sin oxígeno", explica este experto, aunque aclara: "Normalmente, la gente está más preparada para dar masaje. Como no son profesionales, los técnicos se han preguntado si compensa que dejen de dar compresiones cardiacas durante el tiempo que dedican a la ventilación". Es más, si el boca a boca no sale bien, puede causar vómitos al paciente, lo que a su vez podría provocarle la muerte.

Por supuesto, cuando llegan los servicios, enseguida aplican ventilación mediante botellas de oxígeno y respiradores. El reto está en recuperar el corazón, por un lado, y en hacerlo antes de que el cerebro haya sufrido daños irreversibles, por el otro. Pero, en cualquier caso, la mayoría de las veces es demasiado tarde. Madrid tiene una de las cifras más altas de recuperaciones neurológicas, que superan el 10% de los casos. En Estados Unidos, este dato ronda el 1%.

"Si llegas más tarde de los 10 minutos, el cerebro tiene lesiones irrecuperables", explica el doctor Corral.


Que hacer ante una parada cardiaca súbita