Allí pudimos ver, mientras tuvimos luz solar, campos anegados por filtraciones de nivel freático, caminos embarrados donde algún que otro vehículo, encalló cual nave varada en bajamar, siendo necesaria la fuerza de más de una grúa para sacarlos, cosa harto más que complicada al caer la noche, prolongándose no se sabe hasta cuando. Pero volviendo de nuevo a los vecinos que todavía quedaban, estos se preguntaban para cuando se preveía la llegada de la punta de la crecida y si resistirían las motas ya debilitadas por la persistente crecida.
Al final y después de largas conversaciones entre bomberos, policía local y voluntarios, aquellos que no deseaban separarse de sus perros, se les pudo convencer de la necesidad de trasladarlos al albergue de Movera, donde se les había habilitado un lugar cercado, próximo para que pudiesen pernoctar. Aparentemente convencidos, partió la caravana de vehículos junto a los vecinos, camino de Movera donde nos esperaban, ya con el albergue abierto dos miembros de la corporación, y que para sorpresa de todos los únicos que llegamos, fuimos nosotros (voluntarios) junto con bomberos, el resto decidió no se sabe porque causa pasar de largo, ante la cara de asombro de aquellos que durante la tarde habían estado pendientes para lo pudieran necesitar. Despiste, cambio de opinión o no se sabe que motivo, el caso es que nosotros nos retiramos al parque nº. 1 de bomberos, al filo de las 21:00 horas con los vehiculos PC 9, PC6 y C 26.






